El mandatario estadounidense reconoció haber llamado personalmente a Gianni Infantino para forzar una revisión tras la expulsión del delantero, desatando la indignación de la UEFA y la Federación Belga en plenos octavos de final.
La Copa del Mundo de 2026 ha quedado sumergida en una tormenta geopolítica y deportiva sin precedentes. Este lunes, desde el Despacho Oval de la Casa Blanca, el presidente Donald Trump admitió públicamente lo que ya era un secreto a voces: su interferencia directa ante la máxima autoridad del fútbol mundial para limpiar la sanción del delantero estrella de la selección de Estados Unidos, Folarin Balogun.
“Sí, pedí una revisión por parte de la FIFA”, ratificó el mandatario ante los periodistas, confirmando los reportes de una llamada telefónica con el presidente del organismo futbolístico, Gianni Infantino.
“No fue falta”: Los argumentos de Trump y su dura crítica al arbitraje
El incidente que originó el terremoto ocurrió durante el cruce de dieciseisavos de final, donde Estados Unidos derrotó 2-0 a Bosnia y Herzegovina. En el minuto 64 del encuentro, Balogun —quien ya había anotado el primer gol del partido— fue expulsado con tarjeta roja directa tras una revisión del VAR por un pisotón sobre el tobillo del defensor Tarik Muharemovic.
Fiel a su estilo directo y combativo, Trump defendió su gestión asegurando que la acción del atacante de 25 años no merecía castigo.
“Eso no fue una falta. Ni siquiera fue una infracción. Fueron dos tipos corriendo a toda velocidad que chocaron entre sí. Entiendo de deportes muy bien… y este árbitro, que es un poco sospechoso si revisas su historial, tomó una decisión que nadie podía creer”, disparó Trump, apuntando con dureza contra el juez central brasileño Raphael Claus.
El presidente norteamericano añadió que impedir jugar a Balogun el partido clave de octavos de final hubiese sido «muy injusto» y una «gran mancha» para el torneo, justificando que su único propósito era garantizar que el espectáculo contara con los mejores futbolistas sobre la cancha.
El histórico (y polémico) rescate de la FIFA
Bajo la estricta normativa de la FIFA, una tarjeta roja directa acarrea de manera automática un partido de suspensión inmediata que no admite apelación ordinaria. Sin embargo, tras la llamada presidencial, la Comisión Disciplinaria de la FIFA sacudió el panorama reglamentario al invocar el artículo 27 de su Código Disciplinario.
Por primera vez en más de seis décadas en un Mundial, el ente rector del fútbol decidió dejar en suspenso la ejecución de la sanción de Balogun por un «período de prueba de un año». Gracias a este dictamen exprés, el goleador quedó completamente habilitado para saltar al terreno de juego este lunes por la noche frente a Bélgica en Seattle.
Furia internacional: La UEFA acusa a la FIFA de «cruzar una línea roja»
La resolución generó un rechazo unánime en el fútbol europeo. La Real Federación Belga de Fútbol (RBFA) reaccionó con furia, calificando el fallo de «inaudito» y en «contradicción directa» con el reglamento oficial de la competición. Los belgas elevaron una apelación urgente de elegibilidad ante el Comité de Apelaciones de la FIFA, la cual fue declarada «inadmisible» de inmediato bajo el argumento técnico de que Bélgica no era parte formal de los procedimientos disciplinarios iniciales del partido ante Bosnia.
Por su parte, la UEFA emitió un durísimo comunicado institucional donde acusó a la FIFA de vulnerar los pilares de la equidad deportiva.
“Cuando la certeza de las reglas ya no está garantizada por sus guardianes, la integridad del juego está en riesgo y la credibilidad de la competición se ve socavada”, sentenció la confederación europea, advirtiendo sobre el peligroso precedente de conceder un presunto trato preferencial al país coanfitrión.
Infantino se defiende y alega «independencia»
Ante el aluvión de críticas que amenazan la credibilidad del torneo, Gianni Infantino se vio obligado a emitir su propio descargo. Si bien confirmó haber recibido y atendido el llamado del presidente de los Estados Unidos, el dirigente suizo aseguró que la resolución final estuvo bajo la total autonomía de la Comisión Disciplinaria.
“Le expliqué que existía un proceso legal en curso a cargo de los órganos judiciales independientes de la FIFA”, manifestó Infantino, recalcando que el veredicto final se basó estrictamente en las normativas vigentes del organismo y no en presiones políticas externas.
A pesar de los intentos de contención de la FIFA y el festejo del bando estadounidense, el ‘Caso Balogun’ ya ha quedado marcado como uno de los capítulos más controversiales en la historia de los mundiales. Con el balón rodando en Seattle, la sombra de la interferencia política promete extenderse mucho más allá de lo que dure la participación de los Estados Unidos en su propia Copa del Mundo.





















