La justicia de Estados Unidos condenó a cadena perpetua a Ryan Routh, el hombre acusado de intentar asesinar a Donald Trump en su campo de golf en Florida en 2024, en un hecho que generó conmoción a nivel nacional y reforzó las medidas de seguridad en torno a figuras políticas de alto perfil.
Routh, de 59 años, compareció ante un tribunal federal en Fort Pierce, donde escuchó la sentencia tras haber sido declarado culpable de cinco cargos, entre ellos intento de asesinato de un candidato presidencial, posesión de armas de alto calibre y actos considerados una amenaza para la seguridad pública.
Durante el ataque, ocurrido en septiembre de 2024, un agente de seguridad detectó la presencia del sospechoso armado cerca del perímetro del campo de golf. El funcionario abrió fuego, obligando al agresor a huir en un vehículo. Minutos después, la policía logró capturarlo sin que se registraran más heridos.
En el lugar de los hechos se encontró un rifle semiautomático cargado, equipado con una mira telescópica y un cargador con municiones adicionales, lo que evidenció la planificación previa del atentado. La fiscalía presentó pruebas balísticas, grabaciones de cámaras de seguridad y testimonios de agentes que participaron en la detención.
Uno de los momentos más impactantes del juicio ocurrió cuando un testigo reveló que Routh había dejado una caja en su vivienda con una carta manuscrita dirigida al “mundo”, en la que reconocía el intento de asesinato y expresaba su frustración por no haber logrado su objetivo.
Las investigaciones también señalaron que el acusado mantenía una obsesión con la guerra entre Rusia y Ucrania y había viajado previamente a Kiev con la intención de unirse a fuerzas de voluntarios extranjeros, aunque fue rechazado por su edad y falta de experiencia militar.
Este ataque fue el segundo intento contra Donald Trump durante la campaña presidencial de 2024. En julio de ese mismo año, el entonces candidato resultó herido en la oreja durante un mitin en Pensilvania, cuando un joven armado abrió fuego antes de ser abatido por el Servicio Secreto.
Las imágenes de Trump con sangre en el rostro y el puño en alto se convirtieron en un símbolo de resistencia política y marcaron un momento clave en su camino de regreso a la Casa Blanca.






