Antes de convertirse en uno de los cantautores más reconocidos de América Latina, Ricardo Arjona tuvo una carrera real en el básquetbol guatemalteco. Jugó en Leones de Marte, integró la selección juvenil de Guatemala y firmó en 1987 un récord de 79 puntos en un partido, una marca que duró 18 años. Pero el dato más potente no es solo ese registro: es que dejó el deporte cuando ya había probado que podía trascender en la cancha.
X: @WarriorsLatam_

Ricardo Arjona y el básquet: el récord que dejó antes de elegir la música
La historia de Ricardo Arjona en el básquet no funciona solo como una curiosidad biográfica. Funciona, sobre todo, como una historia de decisión. Antes de los discos, de las giras y del reconocimiento internacional, el guatemalteco ya había construido una trayectoria deportiva seria: jugó en Leones de Marte, pasó por la selección juvenil y dejó un récord individual que se sostuvo durante casi dos décadas en el baloncesto de su país.
El hecho más recordado ocurrió en 1987, cuando anotó 79 puntos en la victoria de Leones de Marte por 129-74 frente a Confecciones MR, en el gimnasio Teodoro Palacios Flores. La cifra se convirtió en récord nacional de anotación en un solo partido y permaneció vigente durante 18 años, hasta que Marlon Domínguez la rompió en 2005 con 89. La dimensión de esa marca explica por qué el nombre de Arjona todavía aparece en la memoria deportiva guatemalteca, más allá de su carrera artística.
No fue una anécdota: fue un basquetbolista de verdad
Ese es el punto más importante para entender su historia. Ricardo Arjona no era un cantante con facilidad para el deporte. Era un jugador competitivo, con presencia física, lectura de juego y suficiente nivel como para vestir la camiseta nacional juvenil. Testimonios de quienes compartieron cancha con él y de su exentrenador Enrique Amaya coinciden en la misma idea: era aplicado, serio y capaz de asumir funciones de alero bajo y alero tirador dentro del equipo.
Su desarrollo deportivo comenzó en el entorno escolar y luego dio el salto al club del Ejército, donde terminó vinculado a Leones de Marte, uno de los equipos más tradicionales del país. Esa transición, además, ocurrió al mismo tiempo que daba sus primeros pasos en la música. De hecho, las fuentes guatemaltecas recuerdan que ya había grabado su primer disco en 1985, pero todavía no había decidido cuál de las dos vocaciones sería su camino definitivo.
El verdadero ángulo: por qué dejó el básquet
Ahí es donde esta historia se vuelve más interesante. El relato fácil sería decir que dejó el baloncesto porque la música “le ganó”. Pero el trasfondo es más complejo. Las reconstrucciones publicadas en Guatemala apuntan a que Arjona tomó la decisión cuando ya entendía dos cosas: que tenía nivel competitivo real en el deporte y que, al mismo tiempo, el básquet guatemalteco no ofrecía una ruta de desarrollo tan clara como la que podía buscar en México con la música.
Eso le da otro peso a su salida. No fue la renuncia de alguien que no llegó. Fue la elección de alguien que sí había llegado a un punto importante dentro del básquet nacional, pero detectó que su techo profesional estaba en otra industria. En otras palabras, Arjona no dejó el deporte por falta de nivel; lo dejó después de haber dejado huella.
Qué queda hoy de ese pasado
El tiempo no borró ese tramo. Al contrario, lo volvió parte del mito. Las propias publicaciones recientes en Guatemala rescatan su fase deportiva con fotos de archivo, entrevistas antiguas y recuerdos de excompañeros. Incluso se menciona que, en visitas posteriores a su país, organizó partidos de reencuentro entre viejos jugadores de Leones de Marte y rivales de época. Eso muestra que el vínculo no quedó enterrado por la fama musical: siguió vivo como una parte importante de su identidad.
Por eso, al mirar hoy la historia de Ricardo Arjona básquet, el dato más potente no es solo el de los 79 puntos. Es la idea de fondo: antes de ser estrella de la música, fue un deportista con récord, selección y respeto real dentro de su disciplina. El básquet no fue un prólogo accidental en su vida; fue una etapa seria que terminó cuando él eligió otro escenario para construir su legado.
Vía: Ricardo Arjona




















